Al final del segundo milenio, aprendimos a producir objetos cada vez más duraderos.

Sin embargo desde el principio de este milenio, hemos aprendido a producir las cosas cada vez menos duraderas.

Algunos se lo achacan a la economía, que sin eso no funcionaría bien. Dicen que se trata de acortar el tiempo antes de la próxima compra. Así que nos ponemos todos los seres humamos al servicio de la economía, y dejamos de hacer las cosas bien.

¡Vaya!, debo de haberme equivocado, porque acabo de decir que hemos dejado de hacer las cosas bien. ¿Será un juego de palabras?

Años atrás la economía funcionaba bien también, lo bastante bien como para llegar hasta aquí. La economía también funciona bien haciendo las cosas bien.

El problema es que haciendo las cosas mal, las empresas sacan más beneficio. Los consumidores deben consumir más a menudo, electrodomésticos, coches, y todo un conjunto de objetos caros que no nos dejan disfrutar de la vida, porque siempre nos surge una compra inesperada, que nos hace vivir peor.

Sabemos hacer los objetos duraderos, pero hemos decidido sobre todo no hacerlos así.

Los objetos del milenio pasado aún duran. Los objetos de este milenio ya se han cambiado varias veces. ¿Qué es lo contrario de progresar?

Es lamentable que me lo tenga que preguntar. La pérdida de calidad es lamentable, cuando tenemos la tecnología para mejorarla. Al servicio de una economía que ni se alegra ni se entiristece, de que la hayamos antepuesto a los individuos sensibles que la componen.